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Genealogias

Vozmediano, Felechas, Colle, Llama y Grandoso. Los cinco lugares que formaron el Condado de Colle. El propio Colle como capital del mismo, con su castillo y siendo, además, cellero de la zona. En ciertos documentos, ya en los siglos XVII y XVIII le nombran como villa, más pienso yo que como ligero calentón de pluma de algún escribano que como realidad. Nadie se sienta como plebeyo si os digo que fue, sin duda, Grandoso el más populoso de los cinco lugares y el que tuvo en tiempos pretéritos más apellidos hidalgos. Hasta dio dos Canónigos catedralicios en el XVII: Don Juan de Valbuena y Don Adrián Sánchez quien en su expediente de limpieza de sangre llega a remontarse a un bisabuelo o tatarabuelo suyo que fue hombre de armas que mantuvo siempre lanza y caballo al servicio de la corona y que luchó en la revuelta morisca de Las Alpujarras, de donde se trajo ciertos despojos que depositó en una ermita del valle de Sabero hasta que un obispo mandó que fuesen retirados. A los Valbuenas se les unirían en la siguiente centuria los Barba, poseedores de una baronía: el señorío de Valdemorilla. Hasta el apellido Cisneros apareció en alguna de las ramas de los Barba-Valbuena y el sonoro Cabeza de Vaca también apareció alguna vez. Y algún clérigo hijo del pueblo llegó a ser Capellán real (uno entre muchos) en la villa y corte, allá por los años del XVII en que el capitán Alatriste daba lustre a su acero. Pero esa sería otra historia.

Todo pudo comenzar a pergeñarse cuando algún monarca leonés o castellano, en época a la que tan solo podemos datar como de medieval, decidió que en lo alto de la colina que domina el valle de Colle había de erigirse un castillo: el castillo de Colle. Existió con total seguridad aunque nada quede de él (o quizás sí, todas nuestras dudas tienen algún sentido). Y, seguramente, no se erigió para contener al infiel. El moro ya estaría para entonces mucho más al sur y poco incordiaba por estos lares.

Creo que fueron, mucho más, los fríos de estas tierras norteñas y no otros motivos los que hicieron que esas gentes venidas de allende Gibraltar y hasta del cálido Yemen, prefirieran vegas y comarcas más fértiles y cálidas para colonizar que nuestras yermas y poco productivas tierras. Hacía ya más de un siglo que la última gran razzia nos había asolado bajo los estandartes de Almanzor. La batalla de Lutos sería el último fulgor que nuestras tierras verían entre cruces y medias lunas. Pero la gimnasia guerrera había de seguir y siguió con buenos bríos. A falta de moros ¿qué tal los primos? Interminables luchas fratricidas acontecieron en largas centurias. La nuestra era tierra de frontera, leoneses y castellanos, tan hermanos y tan enemigos. Por ello se edificaron innumerables fortalezas (Aviados, Boñar, Colle, Aguilar en Sabero, Cea y tantos otros) que pasaban de unas a otras manos y fueron moneda de cambio en arreglos y componendas, casi siempre de escasa duración, entre testas tan soberbiamente coronadas como escasamente adornadas de otras virtudes que más tuvieran que ver con la masa gris que con las gónadas.

SXIV
     

Tordehumos en Valladolid, 20 de Abril de 1194. Castellanos y leoneses en perenne lucha fratricida. Achucha Alfonso VIII de Castilla, el de Las Navas le dirán, a un joven Alfonso IX de León (que se negó a combatir en la citada gran batalla), su primo (nietos ambos de Alfonso VII el Emperador), apenas de 23 años aunque ya bien traqueteado por la vida: había tenido que disputar en su adolescencia el trono leonés a su hermano Sancho y a su madrastra Urraca. Hay que firmar una paz. Y allí se lleva a cabo. Se afianza la firma poniendo en prenda cada monarca una serie de fortalezas, cinco en concreto. Una de las que pone en el tapete el leonés es justamente su castillo de Colle. De realengo. Primer documento en el que se hace referencia a nuestro castillo. Los de León pasarán a ser administrados por la Orden de los caballeros Templarios y los de Castilla por la de Calatrava. Digo administrados, y sólo eso, pues siguen siendo de titularidad de las respectivas coronas: tan solo se ponen, ya dije, como prendas o fianzas para cumplir lo firmado. Cuando, tres años más tarde, casa el de León en segundas nupcias (tras nulidad canónica de primeros esponsales) con su sobrina Doña Berenguela, entre las arras nupciales hay tres fortalezas que le dona el esposo a la esposa: una de ellas era el castillo de Colle. Castillo de arras.

Ocaso

 

Apenas una década más tarde, Berenguela y Alfonso, con el vínculo matrimonial recién disuelto por Roma, ya tienen heredero en la persona del Infante Don Fernando. Siguen las disputas y rapiñas entre ambos reinos y se hace otro tratado: Tratado de Cabreros, signado en 1206 entre ambos Alfonsos y con asistencia de diez obispos. De él deja constancia el archiconocido P. Manuel Risco en su España Sagrada, tomo XXXVI apéndice LXII editada en 1787. Documento, el de Cabreros, de gran interés no sólo para historiadores sino para lingüistas y filólogos por ser de redacción de tránsito al castellano. Por lo que a nuestro tema toca, hace referencia a las villas y castillos que Alfonso había donado en arras a Berenguela y que ahora, ambos, donan a su hijo el Infante Don Fernando. Uno de ellos el de Colle. Y se nombra a los  caballeros “tenedores” que los habían de gobernar como sus alcaides. Si estos nombres fuesen correlativos al de las fortalezas, sabríamos que el alcaide del castillo de Colle habría sido un tal Don Nuño Núñez. Residía Berenguela en Castilla, con sus padres, descasada por la Curia y acompañada del infante Don Fernando al que su padre el rey de León no reclamaba ni mucho menos. Más vicisitudes acontecen en tierras castellanas que hacen a Berenguela reina de Castilla por un día, pues cede sus derechos a su citado hijo Fernando que será, por tanto, coronado rey castellano en 1217. Y heredero del reino de León, aunque no lo tuvo fácil. Muere su padre Alfonso IX el de León en 1230 dejando herederas a sus hijas Sancha y Dulce, hermanastras de Fernando por ser habidas en el primer matrimonio de Alfonso. Tratos, arreglos, algún chanchullo y las citadas se retiran de la contienda con las bolsas bien sonantes. León y Castilla quedan al fin bajo la misma corona: FERNANDO III, el Santo le dirían. Eso sí, cada reino conservaría aún durante varios siglos una serie de importantes instituciones de poder y gobierno bien separados. Aún faltaban más de dos siglos y medio para que el asunto “montara tanto y tanto montara”.

Recuerdo que Fernando, siendo infante, había recibido de su madre el castillo de Colle, cuya titularidad detentaría, pues, siendo rey de Castilla. Un lío, lo reconozco, pero así y aún más enrevesadas eran las cosas de palacio.

Liberado por algún tiempo de presiones de vecinos, se centra el Rey Santo en luchar ¡al fin! contra el infiel, allá, al sur del Tajo. Y aún emprende la construcción de dos joyas sin par: las catedrales góticas de León y Burgos. Entre una y otra, en un recóndito valle de las montañas de Boñar seguía erigido un castillo que, con la nueva situación de bonanza interna relativa, perdía importancia. Tanta perdía que en algún momento entre 1230 y 1290 dejará de ser considerado su territorio de dominio como Castillo de Colle y surgirá el Condado de Colle, nuestro Condado de Colle, el fetén. Esa fecha de 1290 es la de un Testamento signado en Benavente, por el que Doña Sancha Rodríguez manda a la abadesa del Monasterio de Otero de las Dueñas (su hermana) las heredades y derechos que le pertenecen en Cifuentes y en el Condado de Colle.

Castillo

Primer documento en que aparece el tal término. Condado ya y no Castillo. De señorío y no de realengo. Sin duda hubieron de ser Fernando III o su hijo Alfonso X el sabio quienes se desprendiesen de la titularidad de la fortaleza y su valle, cediéndola a algún linajudo apellido como pago a algún servicio de armas. Seglares seguramente, aunque no sé a día de hoy el nombre de quien pudo haber sido el primer Conde de Colle. Aún quedaban algunas décadas para que la mitra legionense se ennobleciese con este título, a causa de más y más vicisitudes, idas, venidas, vueltas y revueltas de nuestra historia. Moneda fue de cambio, ya lo dije.

Año 1369. Sube al trono Enrique II el de las mercedes (Sevilla 1333-Burgos 1379). El primero de una nueva dinastía o familia: la de los Trastámara. Llega al trono a sangre y fuego. Hijo bastardo de Alfonso XI y de su amante Doña Leonor de Guzmán, al morir su padre en 1350 conspira para llegar al trono que ocupa su hermano Pedro I, el Cruel para la mayoría, el Justiciero para otros. Ayudado por Francia acabará derrotando y dando muerte a Pedro en Montiel. Tenía cargada su conciencia y, más aún, muchas deudas pendientes de saldar con quienes le habían aupado. Y tiró de la pólvora del Rey. Reparto de tierras, títulos y prebendas. El de las mercedes le llamaron. Con mucha razón. Una de esas mercedes, nada relevante en el montante global, afecta a nuestra historia: la mitra leonesa obtiene nobleza y tierras. Los obispos de León pasan a tener entre sus títulos uno que ostentarían nada menos que durante seis siglos: Condes de Colle. Ahí lo tenemos. Quizás algún noble jugó mal sus cartas en la larga pugna de Enrique por llegar al trono, perdiendo condado y puede ser que algo más a favor de otro jugador más avispado. Fruto, como siempre, de un montón de casualidades, manejos, arreglos bajo cuerda y maniobras orquestadas en coronadas oscuridades. Así opina que llegó el Condado a los obispos Don Pedro Alba en su “Historia de las Montañas de Boñar” (1). Cabe como razonable la posibilidad, por motivos que más adelante expondré, de que el obispo no recibiese la integridad del valle y Condado de Colle, sino una porción de su territorio, vasallos y jurisdicciones. Hasta veo como posible que el título de Conde de Colle no fuera suyo privativo sino título compartido. Sólo especulo, nada puedo afirmar. 

Iglesia

Por la gracia de Dios y de la Santa Sede apostólica, obispos de León, Condes de Colle y señores de los lugares de Las Arrimadas y Vegamián. Así se presentaban en los encabezados de bastantes de los documentos que salían de sus secretarías. Dicho orden de títulos no se corresponde con la obtención cronológica de los mismos. Primero tendrían el señorío de Vegamián, dado a mediados del siglo XII por Fernando II al obispo Don Manrique, según consta en la página 233 del tomo XXXV de La precitada España Sagrada. El señorío de Las Arrimadas lo tendrán a poco de iniciarse el siglo XIII coincidiendo con la entrada en desgracia de la Orden de los Templarios, que eran los que en aquella comarca campaban hasta caer en total y fatal desgracia por motivos o excusas que ahora no hacen al caso. Y el Condado de Colle fue, por tanto, el último que obtuvieron.

En el lugar de Felechas se firma el 13 de Septiembre de 1737 una de las muchas Residencias que cada poco más de un quinquenio mandaban hacer las Casas que tenían jurisdicción en nuestro valle y condado (y eran unas cuantas). La que me ocupa la realizó Don Andrés Rodríguez de Brizuela como Juez comisionado para tal fin por Don Pascual Henríquez de Cabrera que encabeza su otorgamiento de comisión como Duque de Medina de Rioseco, Conde de Modica, Melgar,  de Colle y Osona , Marqués de Alcañices y Oropesa y Vizconde de Cabrera y Bas, Señor de las Baronías de Alcamo, Cacamo, Calatafimi, Villa Velli, Belver, Cabreros y un largo etcétera. Y el obispo de León, a la sazón el muy ilustre prelado catalán Don Joseph de Lupia y Roger (de muy noble cuna) no dice ni ¡Ave María Purísima! al atribuirse Don Pascual su título de Conde de Colle. ¿Por qué? Una de dos: o era compartido el título o era, el que detentaba Don Pascual, “otro Condado de Colle”. Veréis que hay argumentos para apoyar cualquiera de las dos hipótesis.

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Por pura casualidad encontré en el Archivo diocesano de León un muy interesante documento mientras investigaba los beneficios curados para conocer los sucesivos párrocos que lo fueron de esta parroquia de San Vicente Mártir. Eran los obispos de León quienes tenían los derechos de presentación de este beneficio, según constaba ya en el Becerro de Presentaciones del obispado fechado a mediados del XV y que, ya sabéis, que en realidad era la puesta a punto de otro como dos siglos más viejo y que de tanto uso debía estar muy deteriorado. Al quedar vacante el Beneficio curado de San Vicente Mártir de Colle y Llama en el año de 1632 por fin y muerte de Don Fernando Díez, su último poseedor, uno de los opositores a este Beneficio pide en un determinado momento para más afianzar su solicitud que se revise el Becerro Antiguo sobre el derecho de presentación, a lo que el Canónigo que llevaba estos asuntos accede. Como dicho Becerro era herramienta muy usada para dilucidar pleitos de este tipo, debía ser bien conocido dónde se encontraba, que era en el oficio del escribano que lo escrituró que fue JUAN GONZÁLEZ (2). Este Notario, lógicamente, ya llevaría casi siglo y medio fallecido pero sus protocolos seguirían archivados y, este en concreto sobre Colle, debía estarlo en el oficio de ISIDRO ÁLVAREZ DE FERRERAS que es quien en ese año de 1632 da una copia literal que transcrita dice así:

"En el lugar de Colle a diez y siete días del mes de Setiembre del dicho año de sesenta y ocho (3) para hacer los Apeos de la Dignidad episcopal de la ciudad de León por virtud de la comisión a mí dada por el señor Alcalde Mayor, yo el dicho JUAN GONZALEZ escribano de Su Magestad tomé y rescibí juramento en forma debida de derecho de LLORENTE ALONSO rector y de FRANCISCO GARCIA juez del dicho lugar los cuales juraron en forma con la solemnidad necesaria y después de haber jurado hicieron la declaración siguiente estando presentes por testigos FRANCISCO ALONSO y TORIBIO ALONSO y JUAN GONZALEZ vecinos del dicho lugar ante mí JUAN GONZALEZ ------

(margen: declaración) Primeramente declararon que su señoría y su dignidad episcopal es único y verdadero y señor temporal de la tercera parte del dicho lugar y barrio de Colle. Y es de la dicha dignidad el barrio que se dice y se nombra DEL OBISPO que es el barrio que está parte abajo de la iglesia de San Vicente del dicho lugar y el Merino y Juez puesto y nombrado por su Señoría ha conoscido y conosce de todas las causas civiles y criminales que han sucedido y suceden en el dicho barrio del Obispo y en los vasallos que su Señoría tiene en el lugar de Grandoso y en Felechas. Y ansimismo conosce el dicho juez en todos los otros lugares de la dicha Merindad de Colle aunque sean vasallos del Señor ALMIRANTE DE CASTILLA y del Señor GONZALO DE GUZMAN en todos los lugares de Morillos (-Muriellos-) y Felechas y Vozmediano y La Llama y Grandoso (---nótese que nombra lo que fue exactamente el Condado de Colle---) en todos los casos que suceden en la calle y en los términos de los dichos lugares en prevención de con los otros jueces de los dichos señores. Y esto ansí lo han visto y oído descir a sus mayores y más ancianos fallescidos que en su tiempo ansí se usaba y guardaba y esto ansí es notorio y las penas de Cámara las han aplicado y aplican para la Cámara y Fisco de Su Señoría como verdadero señor temporal del dicho lugar y esto ansí es notorio-------

(margen: presentación) Item declararon que Su Señoría es único y verdadero Patrono de la iglesia parroquial de San Vicente del dicho lugar de Colle y que cada y cuando que ha acaescido y acaesce bacar el dicho beneficio curado o simple de la dicha iglesia Su Señoría ha hecho Título y Colación del dicho beneficio curado y del dicho beneficio simple a quien ha querido y por bien ha tenido y ansí estando el dicho beneficio baco dió Su Señoría y fizo colación de él al dicho LLORENTE ALONSO rector y por virtud de la dicha colación y presentación de Su Señoría tiene y posee el dicho beneficio y esto ansí es notorio-------

(margen: respuesta) Item que Su Señoría ha llevado del Diezmo que se diezma en la dicha iglesia de San Vicente de Colle ansí por los vecinos de los dichos barrios de Colle como de los forasteros que labran en el dicho término y territorio de la dicha iglesia de San Vicente la tercia parte de todo el pan y lino y titos y legumbres que se diezman en el dicho lugar y barrios de Colle, la cual dicha tercia parte de diezmos ha llevado pacíficamente y esto ansí lo han visto y ansí es notorio--------

(margen:respuesta) E ansí cesó y fenescido y acabado el dicho Apeo e aclaración susodicho los dichos LLORENTE ALONSO rector y FRANCISCO GARCIA juez en el dicho Condado por Su Señoría dijeron que lo que habían apeado y aclarado era la verdad y lo que habían visto en sus días y lo mismo en presencia de ellos los dichos vecinos lo habían aclarado públicamente en respuesta de las censuras de anatema dadas con las censuras de la Bula de la Cena del Señor que se promulgaron el Jueves de la Cena próxima pasada y que todo es así la verdad so cargo del juramento que hicieron y el dicho LLORENTE ALONSO rector lo firmó. Testigos que fueron presentes FRANCISCO ALONSO y TORIBIO ALONSO y JUAN GONZALEZ vecinos y estantes en el dicho lugar y el dicho rector lo firmó aquí de su nombre. Dicen las firmas el bachiller JUAN GUTIERREZ, LLORENTE ALONSO Clérigo. Ante mí JUAN GONZALEZ escribano. Va testado do dice = prad y do dice fresno no valga y no empezca y do dice padronero no valga. El bachiller JUAN GUTIERREZ. E yo el dicho JUAN GONZALEZ vecino de la villa de Cervera escribano de Su Magestad y su notario público en la su corte, reinos e señoríos que fui presente en uno con los testigos y de pedimento de la parte del dicho Reverendísimo de León y de mandamiento del dicho señor Vesitador y Alcalde Mayor que aquí firmó su nombre. Lo susodicho fize escribir y escribí según que ante mí pasó y por ende fue aquí mi signo en testimonio de verdad JUAN GONZALEZ. Concuerda con el original ISIDRO ALVAREZ DE FERRERAS (firmado y signado) (Archivo Diocesano de León, Fondos Beneficiales, Documento 5014).

Interesantísimo el documento. Fechado apenas un siglo después de cuando se diese el Condado al obispo. Y la memoria de los declarantes, que referían ser lo que habían siempre oído a sus mayores, les llevaría sin duda a los años de Don Enrique de Trastámara el de las mercedes. Podría muy bien, pues, inferirse que la mitra leonesa recibió una parte y sólo una del Condado: el barrio de debajo de la iglesia que aún hoy conocemos como “Barrio del Obispo” con tierras, derechos y vasallos. Los otros dos barrios de Colle aún perduran hoy, convenientemente separados. Son los de Muriellos y La Viliella. Ya no se nombra para nada al Castillo de Colle: no existía, sencillamente. Alguien aprovechó sus piedras y cimientos y levantó la iglesia. Quizás el propio obispo que lo recibiese pensó –y puede que el Rey también—que sería menos goloso para algún noble ambicioso un humilde templo que una fortaleza. Todos saldrían ganando: el obispo tuvo su territorio y título con los pechos y las rentas anejas a los mismos y la corona se quitaba el costoso mantenimiento de un castillo ya inútil y se congraciaba a la vez con el siempre poderoso clero. Y, seguramente, hubo convenio a tres o más partes para repartir el resto del territorio y quién sabe si hasta el propio título condal. Sólo una hipótesis.

Pero algo más que las piedras nos resta aún de los postreros tiempos del castillo: la actual entrada al templo es una preciosa puerta de traza románica de la que José María Luengo allá por 1930 dejó dicho que

“...compónese de jambas acodilladas, con sendas columnas adosadas de fustes cilíndricos, cuyas basas yacen soterradas por haberse llevado (-o elevado-) el pavimento y que se coronan con capiteles de forma acampanada, excesivamente altos. El correspondiente lado izquierdo se compone de un astrágalo de junquillo sobre el que se desarrolla un collarino adornado de glifos y rematado por otro junquillo. El tronco hállase adornado con estrías inclinadas que parecen querer imitar gallones, adorno que se usó en algunos capiteles del románico primitivo leonés. El capitel del lado derecho adórnase con astrágalo de junquillo, carece de collarino y su tronco lleva también las citadas estrías presentando en la esquina superior unos círculos en los que va inscrita una cabeza, rematando el conjunto una fila de almenillas. Sobre ambos capiteles hay cimacios compuestos por molduras de listeles y cavetos rectos, y encima de ellos se destacan unas impostas de estrecho filete sobre las que apoyan los hombros del arco. Este es de medio punto y doble, no pudiendo apreciarse los detalles en su despiezo por hallarse, cuando yo lo vi, cubierto por un espeso encalado”.

En resumen: este vestigio en forma de puerta nos indica que formó parte de un templo, quizás anejo al propio castillo, en estilo románico avanzado, de finales del XII, en pleno apogeo Cisterciense, cuando nuestra fortaleza llevase ya muchos inviernos sobre sus muros allí, en la cima de la colina.

Condado

Otro salto en el calendario. Nápoles, 15 de Mayo de 1507. Don Fernando V de Aragón, ya viudo de Isabel de Castilla concede a Don Gonzalo Fernández de Córdoba (Montilla 1453-Córdoba 1515) diversos títulos nobiliarios por sus campañas napolitanas para la corona aragonesa. Títulos sobre lugares italianos: ducado de Sessa, de Terranova y otros muchos de sonoridades y vecindades italianas. Y en esa fecha le concede el Condado de Colle. Mi duda es más que razonable al tratarse de un título de nueva creación: ¿se trata de nuestro Condado de Colle? Creo que no, por lo antes dicho (dado por servicios en Italia para la corona aragonesa y dado junto a otra multitud de títulos “italianos”). Sabed que en Italia hay no menos de una docena de lugares que responden al topónimo de COLLE. Sería lógico, pues, pensar que recibió ese gran militar un Colle italiano y no el nuestro, que llevaría ya vigente alrededor de dos siglos bien corridos. Hay genealogistas que dicen que todos los títulos concedidos al Gran Capitán fueron títulos de Nápoles más bien que de Castilla. Y su lógica tiene, desde luego.

Pero es justamente este título dado a Don Gonzalo el que ha sido protagonista de recientes pleitos para su rehabilitación, pues estaba vacante. La cosa es así, más o menos. Don Gonzalo tuvo tres hijas, de ellas dos murieron sin casar, siendo la tercera su única heredera: Elvira Fernández de Córdoba quien casará en 1518 o 1520 con su tío Don Luis Fernández de Córdoba 4º Conde de Cabra. Esta casa es la que últimamente ha solicitado su rehabilitación. Estos tuvieron a Gonzalo Fernández de Córdoba III Duque de Sessa (4) y V Conde de Cabra quien fallecerá sin descendencia en 1578 sucediéndole su hermana Francisca fallecida asimismo sin sucesión y casada con Alfonso de Zúñiga y Sotomayor Marqués de Gibraleón. Pasó entonces el título (de Cabra y por lo mismo, supongo, de Colle) a una rama de la Casa de Cardona (Barcelona) al casar Beatriz, hermana de Alfonso, con Fernando Folch de Cardona, rama a la que más tarde se incorporará la de Altamira. Fuese el Colle italiano (lo más probable) o el Colle leonés (muy dudoso), lo cierto es que fue título muy de segundo orden para estas Casas. Tan de segundo orden que en bastantes ocasiones no aparece ni relacionado en el largo glosario que acompaña a cada nueva generación de herederos de las diversas casas. Y otras veces aparece, para mí sorpresivamente, en Casas como la de Alba. Baste como ejemplo que en pleito acaecido a mediados del siglo XVIII sobre “tenuta y sucesión del Estado y Mayorazgo de Medina de Rioseco”, la parte de estos señores sugieren que los lugares de nuestro Condado estarían comprendidos en la fundación del primer Mayorazgo en el Testamento de Alfonso Enríquez (Toro 1426) dentro del epígrafe general de “...las viñas y bienes de León y su término” hecho que no es aceptado por la sala de dicho pleito que acaba adjudicando estos lugares a la casa Ducado de Benavente. Los propios poseedores de parte de las tierras en nuestro Condado de Colle no pudieron documentar el origen de estas posesiones. Poco o nada les importaban, desde luego. El pleito era a causa de haber fallecido sin herederos directos los últimos de los otrora todopoderosos Enríquez, los Almirantes de Castilla. El mismísimo Rey católico Don Fernando era hijo de una Enríquez y por lo mismo nieto de un Almirante de Castilla. Quien te ha visto y quien te ve.

Mediados del XIX: El XV Duque de Alba aparece como poseedor del título de Conde de Colle. Y en una biografía de la madre de Don Bosco, con declaraciones del propio clérigo italiano aparece que… “en el mes de abril del año 1886, Don Bosco va a Tolón, acompañado del joven don Viglietti. Es huésped del Conde Colle, que a Don Bosco le ha saldado deudas de infarto …” Visto está que quien en el XIX no tenía un Conde de Colle en su casa es que no pintaba nada.

Dije antes que el título de Conde de Colle que tuvo el Gran Capitán, Don Gonzalo, había pasado a las primeras de cambio a la Casa de Cabra. Esta Casa es la que ha tratado, en fechas recientes de rehabilitar para sí dicho título. Que yo sepa, a día de hoy sigue en el aire la titularidad.

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¿Os viene bien que meta nada menos que un Borbón en esta historia? Allá os va.

Corría el 10 de Febrero de 1847 y en la cámara del Palacio Real de Madrid casaron en matrimonio morganático Don José María Osorio de Moscoso y Carvajal-Vargas que era entre otras muchas cosas XX Conde de Cabra y XVI Duque de Sessa, con S.A.R. María Luisa Teresa de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, Infanta de España, cuñada y prima hermana de Doña Isabel II. Y, según relato de parte, parece que al Don José María se le olvidó sacar la sucesión que le correspondía al Condado de Colle como sucesor de su padre (título muy de segundo orden, ya dije) por lo que dicho título pasó a estar vacante. Y así lo siguió estando hasta que alguien cayó en el olvido y se propuso rehabilitarlo.

Don José María tuvo a Don Francisco de Asís (1848-1924) quien casó en Biarritz en 1873 con Doña María del Pilar Jordán de Urríes y Ruiz de Arana (1852-1924) que tuvieron a Don Francisco de Asís (1874-1952) que casó en 1897con Doña María de los Dolores Reynoso y Queralt (1880-1905) y tuvieron a Doña María del Perpetuo Socorro (1899-1980) quien acabará como religiosa de clausura en un convento de Ávila.

Invierno

Siguen unas generaciones con cesiones, retrocesiones y demás de títulos varios, rehabilitaciones de otros por diversas vías hasta llegar a lo último, lo que nos puede interesar algo por hacer referencia al condado de Colle. Un buen amigo mío, funcionario del Ministerio de Justicia, me comentó que jamás hubo de luchar tan a brazo partido contra Morfeo como cuando tuvo que asistir a pleitos judiciales sobre rehabilitaciones y disputas varias de títulos nobiliarios. Su cuello, me contó, adquirió notable elasticidad por causa de sufrir, con grandes esparavanes y sobresaltos, tantas y tan desacompasadas cabezadas. Y es que, soportar la demostración pormenorizada de toda una línea genealógica con sus cursos colaterales, renuncias, ilegitimidades salvadas, testamentos, codicilos y demás, desde los albores del XVI hasta nuestros días, no es ni moco de pavo, ni agua de borrajas, ni promesa de político en campaña (valga la redundancia).

En 1975 casan en el castillo de La Rápita Don Francisco López de Solé y Martín de Vargas (con quien hace algún tiempo mantuve algunas amables conversaciones telefónicas) con Doña María del Pilar Paloma Casanova y Barón, XXVI Condesa de Cabra por cesión de su abuela y madrina Doña María del Perpetuo Socorro. Y es en una de sus hijas (Soledad Simitra López de Solé) en la que quisieron rehabilitar el Condado de Colle. En el Ministerio de Justicia encontré esto:
Solicitud de Doña SOLEDAD-SIMITRA LOPEZ DE SOLE Y CASANOVA fechada en 17-04-1982.

Formula esta solicitud, al ser menor de edad la interesada, su padre Don Francisco de Asís López de Solé y Martín de Vargas, Conde de Cabra, Marqués de la Villa de San Román y Grande de España. Aporta el solicitante una relación de Títulos Nobiliarios de Don VICENTE OSORIO DE MOSCOSO Y GUZMÁN entre los que se halla el de “Conde de Colle”. Entra a despacho el asunto en el Ministerio de Justicia el 22 de Julio de 1983. Parentesco de la solicitante: sexta nieta del citado último titular. Informe de la Diputación de la Grandeza: favorable. Informe del Consejo de Estado: favorable pero con un voto particular desfavorable a causa del apellido “López de Solé” que ha de ser corregido como “López Solé”. En fecha de 23 de Marzo de 1983, la Diputación Permanente de la Grandeza, bajo la firma del Marqués de Alhucemas eleva este escrito: “... al tratarse de un feudo conquistado y poseído por el Gran Capitán en la actual Italia, aunque fue concedido por Don Fernando el Católico siendo Colle parte de la Corona de España, no se podían solicitar títulos que no fuesen por entonces parte del suelo español, situación que en la actualidad se ha cambiado...”.  La Casa de S.M. El Rey en informe fechado en 3 de Febrero de 1984 dice que “...no es aconsejable acceder a la rehabilitación de CONDE DE COLLE por discrepancias entre los informes de la Diputación de la Grandeza y del Consejo de Estado”. La solicitud fue desestimada y en 08-11-1984 se retiró la documentación.

En ese punto se procedió a una nueva solicitud por parte de la madre de la anterior.
Solicitud de Doña PILAR PALOMA DE CASANOVA Y BARON fechada en 08-10-1984

La interesada es esposa de Don Francisco de Asís López de Solé y madre de la anterior solicitante. Y lo hizo como quinta nieta del último poseedor efectivo Don Vicente Pío Osorio de Moscoso y Ponce de León, Conde de Cabra, Marqués de Astorga, Conde de Colle etc... quien casó con Doña María Luisa de Carvajal y Queralt hija de los Duques de Santiago quienes tuvieron a Don José María Osorio de Moscoso y Carvajal, Conde de Cabra, Marqués de Astorga, Duque de Sessa y de Maqueda, etc... el cual no sacó la sucesión al Condado de Colle en cuyo momento queda vacante dicho título. Don José María casó con Su Alteza Real la Infanta de España Doña Luisa Teresa de Borbón y Borbón hermana (¿) de los Reyes de España --Don Francisco de Asís y Doña Isabel II--, quienes tuvieron a Don Francisco de Asís Osorio de Moscoso y de Borbón (apadrinado por el Rey) quien casó con Doña Pilar Jordán de Urries y Ruiz de Arana hija de los Marqueses de Ayerbe, quienes tuvieron a Don Francisco Osorio de Moscoso y Jordán de Urries (Madrid 1874-1952) quien casó con Doña Dolores de Taramona y Díez de Entresoto y tuvieron a Don Ramón Osorio de Moscoso y Taramona (Santurce 1910-Paracuellos del Jarama 1936) que fue el XXII Conde de Cabra. Le sigue en dicho título Doña María del Perpetuo Socorro Osorio de Moscoso y Reynoso (Madrid 1899) como XXIII Condesa de Cabra, hermana de padre del XXII Conde de Cabra e hija por lo mismo de Don Francisco Osorio de Moscoso y Jordán de Urries y de su segunda esposa Doña María del Pilar de Reynoso y de Queral. Casó Doña María en Madrid en 1917 con Don Leopoldo Barón y Torres, Caballero de la Orden de Calatrava y tuvieron a Don Fernando Barón y Osorio de Moscoso XXIV Conde de Cabra. De éste Don Fernando volvió el título a su madre Doña María del Perpetuo Socorro quien después de enviudar había entrado religiosa en las Carmelitas Descalzas del Convento de La Encarnación de Ávila (Convento del que tenía el Patronato), siendo por lo mismo la XXV Condesa de Cabra quien, con aprobación real cedió este título (-el de Cabra-) al que va unida la Grandeza de España a su nieta y ahijada Doña Pilar Paloma de Casanova y Barón (nacida 1947) XXVI Condesa de Cabra e hija de Doña Dolores Barón y Osorio de Moscoso y de Don Baltasar de Casanova y Ferrer. Doña Pilar casó el 15-08-1975 con Don Francisco de Asís López de Solé y Martín de Vargas en el Castillo de la Rápita de Lérida pasando a ser por dicha unión XXVI Conde de Cabra .

Mis últimas noticias son que sigue vacante dicho título.

¿Es el de nuestro Colle? Lo dudo.

 

(1) Fue Don Pedro Alba y Fontaos (Voznuevo 1815 - Valdesaz de los Oteros 1870) un profeso franciscano exclaustrado a los 20 años de edad por reales órdenes. Había nacido en Voznuevo el 1º de Noviembre de 1815, por lo que le tocaba ser bautizado como Santos. Pero una sotana se ve que tiró más que todo un santoral ya que su padrino fue el enérgico cura de Las Arrimadas Don Pedro Francisco del Pozo. El sonoro segundo apellido de Don Pedro Alba (Fontaos) era de origen gallego y llegó a nuestras tierras a finales del XVII con una saga de escribanos de la casa de Astorga, dos de los cuales (padre e hijo) casaron y tuvieron amplia descendencia por la llamada jurisdicción de Valdellorma, residiendo en La Ercina y en La Serna: el padre fue Don PATRICIO DE FONTAOS y su hijo Don PATRICIO DE FONTAOS Y FERNANDEZ DE BAEZA. De este segundo era nieto por vía materna nuestro Don Pedro Alba. Dos hermanas tuvo Pedro: Doña Mónica (monja de clausura en León, en el Convento de La Concepción donde falleció ya en los años finales del XIX) y  Catalina (tatarabuela mía, si me permiten la inmodestia). Don Pedro falleció como cura titular de Valdesaz de los Oteros en 1870 a causa de unas tifoideas.
 
(2) Posiblemente se trata del JUAN GONZALEZ DE ROBLES que nombra Juan Antonio Fernández Flórez en su publicada Tesis Doctoral sobre dicho Becerro. De ser así, animo a algún historiador a que profundice en este tema: es posible que el Becerro archiconocido, sea en realidad una especie de “chuleta” o resumen de toda una serie de protocolos mucho más extensos que estarán durmiendo el sueño de los justos en las polvorientas estanterías de algún archivo, con documentación jugosa a juzgar por la que desempolvó ese curilla de principios del XVII que pretendía llegar a párroco de la de San Vicente mártir de Colle y Llama. En el Becerro vendrían, según esta teoría mía y por lo tanto digna de toda sospecha, en forma esquemática los datos que interesaban al obispado: patronazgo, reparto de tercias, procuraciones y demás que tocaban a los derechos de la mitra y cabildo. Pero, ya veis, que había muchos más datos puesto que se hizo una verdadera encuesta en la parroquia y con mucha probabilidad en cada una de ellas. ¡Animo, historiadores, metedle el diente!

(3) Se debe de referir a 1468 que es la fecha en que se transcribió el Becerro.

(4) Sessa, ciudad italiana en la que falleció muy joven, de sobreparto, Elvira. Este dato viene a abundar aunque sea muy indirectamente sobre la procedencia más napolitana que castellana de los títulos de Don Gonzalo.

 

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Agradecimiento muy especial a Laurentino, ya fallecido, muy amante de nuestro valle y Condado. No tuve el gusto de conocerle pero sus descendientes me hicieron llegar sus muchos y atinados apuntes que aproveché para llegar a tocar otros archivos y documentos. Sé que llegó a cartearse con el solicitante a la rehabilitación del título de Conde de Colle. Yo tan sólo llegué a mandarle una foto aérea de nuestro valle y a hablar con él brevemente por teléfono. Me comentó entonces que estaban en plena labor de catalogar el amplio archivo familiar con documentos de al menos el siglo XV y que, quizás, se encontrase el testamento de Don Gonzalo Fernández de Córdoba el “Gran Capitán”.

 

Para la web de Llama de Colle que administra Noemi.
Desde Madrid, 15 de Junio de 2010.
Salvador Alonso Celemín, nacido libre, nunca vasallo, en el CONDADO DE COLLE.

 

sybila