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Prehistoria y Antigüedad
Edad Media
Edad Moderna
Edad Contemporanea



PREHISTORIA Y ANTIGÜEDAD

No está muy claro que el Condado y sus alrededores puedan haber estado habitados desde épocas tan remotas, aunque del Paleolítico superior (40.000 – 20.000 a.C.) se descubren hallazgos, como en la Cueva de Colle (Casiano del Prado, 1.864). Si hubo pobladores, posiblemente fueran grupos trashumantes, que se desplazaban por amplios territorios; cazando corzos, cabras y jabalís.
De la época neolítica, se han encontrado restos de la Edad de Bronce en Boñar.

Edad de hierro: yacimientos en Boñar, San Adrián y la Ercina, donde aparecen los primeros poblados.
Estos poblados van extendiendo lazos entres sí, y se empiezan a desarrrollar importantes culturas, como la Cántabra o la Astur.
Los pueblos que conformaban el Condado, se encuentra dentro del territorio cántabro, concretamente en el territorio ocupado por el pueblo Vanadiense, cuyas cosumbres son conocidas gracias a historiadores como Estrabón.
Los romanos, al invadir la península, necesitaron casi diez años (del 29 al 19 a.C.) de luchas intensas y ocho legiones para tener completamente dominada la región (Norte de León, Asturias, Cantabria, etc.). Desde la pax romana, establecida por Augusto, la provincia forma parte del Imperio, que desarrollará industrias, como la minera o alfarera, y una importante red de comunicaciones. En nuestra zona, en concreto, una vía por todo el valle del Curueño hasta Vegarada, y otra por el valle del Porma, cruzando el río, como en la actualidad, por Palazuelo, hasta llegar a San Isidro.

El Imperio impone totalmente su cultura, respetando también la de los antiguos pueblos, adoptando dioses y cultos. Así, siguen siendo montes sagrados los picos como el Polvoreda, o se celebran cultos romanos en lugares antiguamente sagrados, como en Boñar y,  posteriormente, con la cristianización del Imperio, se convierten en lugares de culto cristiano. Los romanos también conocieron la red de aguas termales, que arrancaban desde Boñar y pasan por Losila, Corniero, Morgovejo, etc. Hasta llegar a Llávanes. Las termas principales se situaron en Boñar, delatándo su nombre latino Balneare, que era conocido aún en los documentos medievales. Boñar, en consecuencia, es un poblado que también pudo haber nacido en la época de los romanos. En Boñar se encuentra la lápida romana FONTI SAGIFIGENO E. CCC LV HS: ALEXIS AQUILEGVS V S I M. Alexio Aquilego cumplió de buena gana el voto que hizo, construyendo un edificio para esta fuente cuyas aguas tienen la virtud saginífera o propia para engordar, gastando en ella trescientos cincuenta y seis sestercios; pero Alba dice que en la anterior traducción se equivocó Masdeu y tradujo sestercios por era, por lo que debía leerse que se hizo esta fuente en la era trescientos cincuenta y cinco o año 317.

Con la caída de Roma, y la posterior entrada de los pueblos bárbaros, no se produce ningún cambio trascendental en el orden social o económico: se mantuvo la desigual división social, heredada del Bajo Imperio (Honestiores y Humiliores). En la actual zona, los grandes propietarios hispanorromanos y los obispos serían los dirigentes sociales, disputando el control de la zona a los recién llegados pueblos germánicos. Estos grandes propietarios pasarán a formar parte de la nobleza visigoda.
La base económica de la sociedad sigue siendo la actividad agrícola y ganadera. Gracias a San Isidoro conocemos las actividades desarrolladas (arada, abonado, barbechos, …) y las herramientas (trillo, arado romano, …), métodos que se han mantenido igual hasta hace muy poco tiempo.

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EDAD MEDIA
SANTIAGO Y SUS CAMINOS

Es a principios del siglo XI, pero alcanzando su mayor esplendor a mediados y, sobretodo, a partir del XII, cuando, gracias al rosario de reliquias, y sobretodo por la promoción a base de indulgencias y bulas, cuando el llamado Camino de Santiago francés alcanza su mayor esplendor, convirtiéndose en  el eje económico y social del norte peninsular. Otras ciudades importantes no quieren quedarse atrás, y aparecen múltiples caminos de Santiago. Uno de ellos iba a Oviedo desde León, por lo que es hoy la actual carretera, paralelo al río Porma y atravesándolo como hoy en día también por Palazuelo. La catedral de Oviedo, San Salvador, era muy importante, pues se guardaban en ella unas supuestas reliquias de los Apóstoles. Un refrán acunado en la época decía que “quien visita Santiago y no al Salvador, ve al criado y no al Señor”.

En esta época se afianza el feudalismo y, aunque en estos pueblos todavía hay campesinos poseedores de pequeños terrenos, la mayoría poseen tierras en régimen de usufructo: deben pagar una renta, ya en especie, ya en metálico. También deben realizar “la serna”: en ciertos momentos del año, deben ir a trabajar las tierras del señor: sembrar, recoger, faenar, etc.

Con Alfonso IX, Boñar adquiere mayor importancia al ser promovida como villa junto a otras como Lillo, Burón y Riaño, con el fin de abrir corredores y facilitar la comunicación y el comercio en las montañas cantábricas con la meseta, debido a la necesidad de potenciar el transporte de sal, fundamental para la industria, la minería y la alimentación, y que llegaba de Asturias por los puertos, en nuestro caso de San Isidro. Empieza la trashumancia en estos valles.

En el límite de los términos de Colle y Vozmediano, existió la ermita de Santiago y tenemos, en la demarcación de Colle, el lugar llamado “Patadica la mula” que D. Pedro de Alba cita en su historia de la montaña de Boñar, cuyo nombre viene dado por las pisadas que se ven en la roca al pie del camino, y según la leyenda extendida por el entorno, son del caballo de Santiago, con las herraduras puestas al revés, para engañar a los moros cuando le perseguían, ayudando a los cristianos a expulsarlos del territorio.
Muy probablemente fue y da como echo cierto D. Pedro de Alba, la collada de los muertos que también cita como la batalla de “Lutos”. Según cuenta la leyenda transmitida de padres a hijos, los arroyos aumentaron su cauce y se tiñeron de rojo de tantas bajas moras.

Que le dijo Santiago a Carlomagno:
“Soy el apóstol Santiago. Mi cuerpo, que está en Galicia, peligra porque los sarracenos invaden el país. Un camino celeste sembrado por Dios con polvo de luceros te señalará la dirección de la ruta, con la que irás con un ejército, y en pos de ti irán muchos pueblos” 768 – 814.
Desde entonces, quedó inaugurado el camino de Santiago.

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EDAD MODERNA

Con los Reyes Católicos cambió el ordenamiento territorial; la provincia  leonesa se divide a efectos administrativos en dos: el Partido de León y el de Ponferrada. A partir del siglo XVI la provincia queda definida administrativa y jurisdiccionalmente.

León sigue como capital de la provincia. La Montaña Leonesa se divide en Concejos Mayores, que funcionan como unidades territoriales y administrativas formados por un conjunto de lugares o concejos vecinales autogestionados desde esa organización superior. Esto se mantuvo hasta el siglo XIX. Cada uno de los pueblos que forman en Concejo tiene su propia organización y gobierno concejil, así como su propio territorio o término, bajo jurisdicción realenga, vecinal o señorial, funcionando como una unidad plena desde el punto de vista gubernativo, fiscal, social y económico.

Pueblos como La Losilla y San Adrián, adquieren jurisdicción propia, dependiente del señorío eclesiástico.
Los pueblos de Las Arrimadas forman el Concejo de las Arrimadas: Laiz, Santa Colomba, Barrillos y Acisa, jurisdicción del Obispo de León.
El Concejo de Valdellorma, formada por Sobrepeña, La Ercina, Oceja, Yugueros, San Pedro de la Foncollada, La Serna, Fresnedo y Palacio, sigue siendo jurisdicción de los marqueses de Astorga.
El Condado de Colle, formado por Llama, Colle, Grandoso, Felechas y Vozmediano, es jurisdicción del Obispo de León, del Duque de Medina de Rioseco y otros.

Jurisdicción de Boñar son: Boñar, Oville, Cerecedo, Barrio de las Ollas, Veneros, Palazuelo, Vegaquemada y Candanedo.
La Devesa queda bajo jurisdicción de La Vega de Boñar, y abadía de Valdediós, junto a Adrados, Valdecastillo, La Vega, La Mata de la Riba, Las Bodas y Llamera.

Por encima de todo esto estaba el Señorío. Mediante las Jurisdicciones, el régimen señorial, heredado de la Edad Media, articuló el poder territorial y local, y fue en este marco jurídico-administrativo, donde se desarrollaron durante tres siglos las relaciones del rey con sus vasallos, entre el poder local de los Concejos y el jurisdiccional de los señores, canalizándose así la recogida de tributos, rentas e impuestos como la martiniega y fumazga, el yantar y hospedaje, el portazgo, barcaje y, en algunos casos, la luctuosa.

Hay un gran espíritu colectivo. Los males, las penurias, las alegrías y los recursos, a la vez que mantienen un carácter individual, se convierten en asuntos colectivos. Las Ordenanzas concejiles de cada comunidad no pretenden sólo regular la acción política y administrativa local, sino también el conjunto de la vida de la comunidad, desde el respeto a lo privado y a lo individual.
La regulación del espacio, del medio físico y la distribución de recursos y aprovechamientos agrarios ocupa buena parte de sus capítulos, con numerosos pleitos entre comunidades vecinas.

El matrimonio, como acto de constitución de una nueva unidad familiar, no era sólo un asunto personal o de familia, pues, por el hecho de pertenecer a una comunidad vecinal, el matrimonio daba derecho a alcanzar la vecindad, pues sólo los varones cabezas de familia podían participar como miembros de pleno derecho en las reuniones de concejo, acto importantísimo, debido al a necesidad de una acción colectiva y las escasas posibilidades de subsistencia, al margen de los derechos y deberes marcados por cada concejo, y que fuerzan un conjunto de solidaridades que, aunque impuestas, tienen un pleno arraigo social y alcanzan desde la costumbre inmemorial el rango de norma.

Una de las primeras solidaridades extendidas por el territorio leonés está relacionada con las desigualdades sociales y con la propia economía familiar. La falta de espacio y medios con los que fabricar la casa por parte de algunos vecinos y desde la necesaria compensación, al fin de que rompa la armonía social, parece ser la causa de importantes prácticas para las que se hace entrega de terreno comunal y de madera a los vecinos que lo soliciten, careciendo de él, para construir y reparar sus casas.

En la Montaña leonesa, y en otras comarcas donde la tierra labradía es escasa y obliga a los vecinos a desarrollar determinadas prácticas para conseguir que cada vecino tenga con qué alimentarse y evitar conflictos por robos. Se desarrollan las facenderas, trabajos colectivos de todos los vecinos para realizar obras o labores para la comunidad, práctica que, afortunadamente, se sigue manteniendo hoy en día.

Además de las labores diarias, para garantizar la subsistencia, también hay un fuerte colectivismo social, que alcanza otras dimensiones en clara relación con la muerte. Es en este momento cuando toda la comunidad se reconoce nuevamente solidaria y comprometida al participar de forma colectiva en los sentimientos de la familia del fallecido. La muerte de un vecino, o incluso la enfermedad terminal, paraliza la actividad del pueblo al obligar a sus vecinos a asistir y verla el cadáver hasta que sea enterrado.

Agricultura y ganadería
A mediados del siglo XVI la creciente densidad demográfica empieza a obligar la transformación de determinados espacios comunales, de robledales y encinales a terrenos laborables, que sucumben bajo la acción del arado romano, herramienta utilizada desde la Edad Media hasta mediados del siglo XX.

El espacio virgen o sin roturar que quedaba se destinaba a la cabaña ganadera y a reserva de recursos, principalmente leña.
Este crecimiento paulatino de la producción agrícola, principalmente cerealera, se mantuvo hasta el siglo XVIII, en cuya primera mitad alcanza su cenit. Esta estabilidad y la tendencia alcista de los precios favorece a las comunidades, que no dudan en invertir su riqueza acumulada en mejorar su patrimonio artístico-religioso.

En cuanto a la ganadería, la cabaña vacuna cobra especial importancia, como fuente de recursos alimenticios, y como herramienta de trabajo, siendo fundamental en tareas de transporte, en el trillado, etc. El ganado equino, caballos y burros, era también utilizado, pero en mucha menor medida. En cuanto al ganado ovino, en la Montaña se difunde principalmente la oveja merina, como resultado del intercambio comercial entre autóctonos y ganaderos trashumantes. El cerdo también desempeña un papel muy importante en la alimentación familiar, y en la obtención de recursos económicos, vendiendo productos y animales en las ferias y mercados que se organizaban, en nuestro caso en Boñar, cuya feria ganadera era muy importante.

La trashumancia
La cabaña ovina trashumante, que se desplaza a lo largo y ancho de la península en busca de pastos, fue cobrando importancia en España. En la Montaña leonesa la importancia de la trashumancia es enorme, debido a la alta demanda de los puertos, sobretodo en el último cuarto del siglo XVIII, en el que su precio aumentaría considerablemente, al haber aumentado el porcentaje de tierra labrada, y por tanto, menor el número de pastos disponibles.

El ganado, en sus desplazamientos, utilizaba las cañadas como vías principales. Como ramales de éstas, surgen los cordeles, de inferior anchura (37,61 metros frente a 75,22, que eran 90 varas castellanas). De los cordeles se bifurcaban las veredas (20,31 metros), y de éstas, las coladas.

En la Devesa de Boñar se unen dos cordeles, el 9A y el 9B, que unen Villahibiera, Sahechores y Gradefes por un lado, y Corcos, Valle de las Casas, Sorbía y Yugueros por el otro, con Boñar.

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EDAD CONTEMPORANEA
EL FERROCARRIL DE LA ROBLA

La historia de nuestro pueblo, está necesariamente ligada al ferrocarril de vía estrecha más importante de nuestro país, la inicialmente denominada “Compañía de los Ferrocarriles de La Robla”, que en 1.972 pasó a formar parte de FEVE.

El por qué de este ferrocarril:
La industria vasca del siblo XIX necesitaba carbón barato, el ferrocarril del Norte podía transportar carbón asturiano, pero debía realizar un notable rodeo, ya que no existía línea al borde del mar, lo que convertía el transporte en un fuerte gravamen que lastraba los productos.  Por ello, el industrial bilbaíno prefería el transporte por mar, pero esta vía tenía varios problemas. En la meseta existían grandes posibilidades, siempre que se construyera un medio de transporte barato y directo, que condujera el carbón hasta Vizcaya, por un lado, y hasta la línea del Norte, en Mataporquera, por otro, para distribuirlo a toda España.

Los estudios realizados en esa época demostraban la existencia de varias cuentas carboníferas importantes en la franja sur de la cordillera cantábrica, así la de Santullán, la del Pisuerga en San Cebrián, la del Esla o de Sabero, la del Torío o Matallana. Por ello, si la línea recta que podemos trazar en el mapa desde La Robla, Matallana, hasta Bilbao, se convirtiera en un ferrocarril, se lograría servir a las industrias vascas un carbón de calidad media a un buen precio, pues el cargue se realizaría en la boca d el amina y la descarga en la misma factoría sin transbordos. Además, en la vertiente occidental, en Mataporquera, se empalmaba con el ferrocarril del Norte, lo que representaba la posibilidad de distribuir el carbón a todo el país. 

De esta manera, el 15 de diciembre de 1.889, se presentó un proyecto de una línea férrea entre las llamadas “Cuencas carboníferas de Castilla y Bilbao”, planteando la posibilidad de enlazar La Robla con Memerea, por Villarcayo, Valle de la Mena y Vamaseda. También estaba previsto, en un primer momento, el empleo de una vía ancha, pero al final se optó por la vía métrica, y ello por una razón económica: las 200.000 pesetas frente a las 70.000 pesetas en la vía estrecha. Las principales características del ferrocarril eran las siguientes:

  1. Vía métrica, en concreto de 1.084 milímetros.
  2. Carril de 24 kg/m.
  3. Traviesas de 1,80 x 0,12 x 0,36m.
  4. Pendiente máxima de 20 milésimas.
  5. Curva mínima de 140m de radio, por excepción 100m.
  6. Túneles de 4m de ancho y centro del arco de 5m.
  7. Velocidad normal de 25 a 30 km/h.

Las tarifas serían:

  1. Viajeros:
      1. 1ª clase: 10 cts/km;
      2. 2ª clase 6,5 cts/km.
  2. Mercancías:
      1. 1ª clase 30 cts Tm/km;
      2. 2ª clase 20 cts Tm/km;
      3. 3ª clase 10 cts Tm/km.

A efectos estadísticos, en los 18 días del mes de Noviembre en que estuvo abierto el tramo La Robla-Boñar, hubo 1.481 viajeros, que facturaron 1.033 ptas, 101.744 Tm de mercancías a 412 ptas y 26 cabezas de ganado, por 21,3 ptas.
El hecho más importante para nuestro pueblo es la inauguración, el 20 de Julio  de 1.893, del tramo Boñar-Cistierna, y por tanto, el día de la inauguración del tren para La Ercina.

Para realizar esta obra, se adquirieron 2.628.494 metros cuadrados de terrenos, se pusieron 15.798 Tm de vía y 515.855 traviesas. La obra costó 18.980.498 ptas (de las de 1.894), a una media por km de 66.832 ptas.

La línea se completa con la llegada del tren a León, hecho que se produce el 31 de mayo de 1.923.

El 6 de marzo de 1.975, dada la precaria situación económica de la compañía, se entrega su explotación a FEVE, integrándose así en el esquema de las líneas de esta compañía estatal.

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Texto: Alfredo Delgado García.

 

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